En la Institución educativa agrícola de El Copey, Cesar, siendo apenas un niño, Pablo Carrillo ya ‘casaba’ peleas. Aunque siempre fue disciplinado y respetuoso, asegura que nunca le gustó que se la ‘montaran’ al más débil. “Lo hacía por bien, no porque fuera ‘alzao’”, aclara.
Era la época en la que no sospechaba que el boxeo sería parte esencial de su vida y que le abriría, varias décadas después, la ventana a un pleito por el campeonato mundial.
“No me gusta que nadie se sienta superior a otro, desde pequeño sentí eso. Veía que al otro muchacho lo trataban mal y ‘compraba’ el problema… la injusticia me duele, me descontrola”, recordó el ‘Trencito’ en charla con EL PILÓN horas después del extenuante combate que terminó entregándole el cinturón continental de las 115 libras del Consejo Mundial de Boxeo.











