Las manos de Rosa Ternera, las mismas que se encargan de dejar las arepas de queso muy bien horneadas –en el puesto de venta de su madre, en La Paz– también se empuñan con pasión para dignificar el deporte de las narices chatas.
Con el boxeo tuvo amores a primera vista. Una tarde cualquiera, saliendo de clases, se dirigió al traspatio de la Casa de la Cultura de La Paz, lugar que sirvió durante varios años para el entrenamiento de pugilistas aficionados del municipio. Rosa Ternera comenzó a asistir a las prácticas sin el consentimiento de su madre, Lucenith Soto, quien puso el grito en el cielo el día que su hija llegó con las vendas en las manos.
Fue el profesor Laudelino Torres, ‘Ñuño’, quien cimentó gran parte de los conocimientos técnicos de boxeo. En la actualidad, es el profesor Víctor Díaz, de Becerril, quien continúa dirigiendo el proceso formativo de esta peleadora.











