Su voz lo llevó a conocer al que sería uno de los icónicos de la selección de fútbol de su país. Un día, ayudado por la reverberación de las cuatro paredes donde cualquiera puede ser cantante, un desconocido lo escuchó cantar. Estaba en la ducha de un hostal en Buenos Aires donde vivía. Aquel extraño era un argentino con raíces de su tierra.
Pedro Llerena se convertiría en su amigo personal. Luego de acercarse al hostal, lo invitó a un restaurante insignia en la capital argentina, en el barrio Palermo, punto de encuentro de artistas y futbolistas colombianos por su gastronomía típica donde ofrecían desde la empanada hasta la bandeja paisa. La invitación hasta ese sitio tenía el propósito de que Yin López trabajara allí como cantante.
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Llerena, con el tiempo, tenía en mente una sorpresa para un amigo muy cercano que estaba a punto de casarse. Le propuso a Yin que fuera la sorpresa para ese amigo. Yin es de tierras villanueveras, un pueblo al sur de La Guajira, donde se respira más aire de acordeón que el mismo oxígeno. La sorpresa era para el jugador Radamel Falcao García, nacido a pocas horas de su terruño.
Falcao para ese momento jugaba en el River Plate y era toda una celebridad. Un día, a finales del 2007, Llerena invitó a su amigo Falcao al restaurante Gabo, el mismo que era frecuentado por colombianos, a una despedida de soltero somera donde cantaron un par de canciones. Ahí lo vio Yin por primera vez. Un hombre retraído y de pocas palabras. Las que dijo esa noche le bastaron para un recuerdo de toda la vida.
一Te invito a mi matrimonio一 le dijo Falcao a Yin mientras él sonreía y pensaba que era una mamadera de gallo.
一Él te está hablando en serio一 tuvo que intervenir su amigo Llerena para que volviera en sí y respondiera a su invitación.
Yin aceptó, como era evidente, aunque seguía con la idea de que era una de aquellas invitaciones que quedan en el aire. A los días, el músico estaba frente a una fiesta pomposa con un público amplio de jugadores y personajes famosos de clubes de Argentina vestidos de gala y en una celebración especial en el “Museo de Arte Tigre”, a las afueras de Buenos Aires.
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Yin tenía 19 años y los nervios a flote. Su turno era para cantar con sus músicos. Luego su turno era para cantar con Falcao. Interpretaron juntos una de las canciones más conocidas en esa época: “Vivo en el Limbo”. La escogió Falcao para compartir con sus invitados. Yin recuerda que su principal característica no era el canto, sino su nobleza.
El novio, luego, cantaría una canción de Diomedes Díaz, “La Reina”, con otro grupo vallenato invitado, como registra el escritor Javier León Herrera. Yin no se acuerda de este narrador, pero él sí de Yin, pues dejó su nombre plasmado en su libro “El Tigre de Dios”.
Cuando el guajiro terminó la presentación, se hizo a un lado con el resto de músicos. Recuerda que Falcao se le acercó y lo invitó para que se integrara al festejo con los demás invitados, en el que permaneció hasta salir el sol, como acostumbran los parranderos de tierras guajiras.
一No pensé que ese evento iba a llegar tan lejos. Al siguiente día mi mamá me dice que qué había hecho porque estaba saliendo en RCN一 aseguró entre risas el músico villanuevero.
Por Alberto González Martínez @albertosartre
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