En el maremágnum de manifestaciones de aprecio a Consuelo Araujonoguera, en los últimos años, yo quiero hacer sentir mi voz para decir que yo también tuve la oportunidad de conocer de cerca a la inolvidable Cacica de Valledupar. Allá en los lejanos días de mi niñez, entre 1977 y 1980, escuché alguna vez la siguiente anécdota referida por mi hermano Álvaro, uno de los mayores.
“Imagínate Nabo que una vez en Valledupar, en el Coliseo de Ferias, papá1 llegó y barrió con los trofeos equinos de ese año. Se ganó la bandeja de plata del mejor expositor equino.
Y los caballos: Relicario y El Ají se ganaron los trofeos de Gran Campeón en las modalidades de trocha y galope y paso fino colombiano. Pues bien, a papá le dijeron que le tocaba tomar parte en el acto de agradecimiento a los patrocinadores del evento.






