Por estos días la algarabía mediática, el cotarro farandulero, se han unido para dinamizar el ambiente de la puesta en escena de un nuevo trabajo musical; circunstancia que nos tiene acostumbrado a pontificar sobre lo divino y humano del Vallenato, algunos nostálgicos, exigen composiciones de otrora, otros reclaman canciones que satisfagan sus necesidades contemporáneas, lo cual creo son argumentos de la relación de opuestos: el ave Fénix y el Dragón, David y Goliat, el joven y el adulto, cada quien defendiendo su época, y a la larga es un círculo vicioso, porque esta historia será renovada más adelante con otros protagonistas.
El compositor es un ser de libres pensamientos y sentimientos que aprovecha sus inspiraciones para compartirlas con sus semejantes, a los cuales algunos les gustará, y a otros no; creo que la crítica hace parte de esta parafernalia que constantemente se repite no sólo en la música vallenata, sino en muchos géneros populares; sin embargo algunas veces los interlocutores son injustos al momento de asumir posiciones de musicólogos, en este caso de vallenatólogos, y fustigan con látigo y perrero aquel que se atreva a utilizar argumentos y melodías, que para su sentir, crea le va agradar al oído de todos.
En estos días al compositor Luis Egurrola le han llovido rayos y centellas porque utilizó una acción que realiza el pez y el ser humano con el agua, “glu glu”, y la convirtió en el título de una canción, interpretada por el cantante Silvestre Dangond.






