El 28 de agosto, la Casa de la Cultura de Valledupar fue el escenario del exitoso taller “Visiones de Colombia. La mirada fotográfica de Orlando Fals Borda”, realizado en homenaje al centenario del renombrado sociólogo colombiano. Organizado por el diario EL PILÓN, el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes y Felva, este evento reunió a participantes de todas las edades en una experiencia colectiva que fusionó arte, memoria e investigación social a través del invaluable archivo fotográfico campesino.
Algunos asistentes valoraron profundamente que “cada fotografía tiene una historia y una intención específicas dentro del relato campesino colombiano”. Señalaron además la importancia de preservar estas imágenes como testimonio fundamental de la cultura caribeña, ya que aunque algunas costumbres cambian, se transforman o desaparecen, sus raíces se mantienen vivas y presentes en nuestro lenguaje cotidiano y expresiones culturales.
Un laboratorio de creación artística y pedagógica
Norman Esteban Gil Reyes, artista, fotógrafo y doctorando en Arte y Arquitectura, fue el guía y conductor del taller. Desde su formación como artista, Gil Reyes explicó que estos espacios van más allá de la simple producción de obras, para consagrarse como prácticas artísticas que generan conocimiento sensible y verdadero sobre el mundo. “El arte dejó de hablar de obras de arte y empezó a hablar de prácticas artísticas que construyen conocimiento desde un ámbito estético, pero también simbólico y mágico”, señaló.
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Gil Reyes destacó que fue la primera vez en el país que se llevó a cabo este innovador ejercicio, con la expectativa de replicarse en diversos escenarios para continuar fortaleciendo la recuperación y valoración de la cultura visual rural.
En este sentido, el taller se configuró como un laboratorio de creación, un espacio vivo donde el conocimiento surge del diálogo y la interpretación colectiva de imágenes históricas. Los asistentes compartieron sus experiencias de vida y vincularon sus recuerdos o imaginaciones con cada fotografía de Orlando Fals Borda, generando a través de esa expresión oral nuevas narrativas que enriquecen y reconfiguran la historia y la memoria de nuestra región Caribe.
Miradas diversas que construyen conocimiento
Durante el taller, los asistentes participaron en un proceso de observación activa y dialogada frente a fotografías campesinas tomadas por Fals Borda entre 1953 y 1970, muchas inéditas y restauradas gracias al esfuerzo del investigador. Norman explicó que cada participante conectaba con las imágenes desde experiencias y sensibilidades distintas: “La señora Ruth (Ariza), por ejemplo, captaba detalles como la camisa desabrochada de un campesino y sabía que era por el calor, lo que para ella era un signo muy sensible que otros no podían reconocer por falta de contexto”, mientras alzaba una fotografía de un hombre campesino.
Este diálogo de “miradas diversas genera un saber colectivo y multidimensional, una construcción del conocimiento histórico y estético en los intersticios del encuentro entre sujetos”, explicó el artista.
La imaginación como fuerza creadora de historia
Un aspecto fundamental resaltado por Norman está en el valor de la imaginación para construir historia, especialmente ante los vacíos o ausencia de fuentes tradicionales.
Fals Borda, dijo, “uso la imaginación no para llenar un vacío del pasado, sino para crear una prospectiva”, mencionó Gil. Un proceso colectivo donde múltiples personas aportan su memoria e imágenes para tejer narrativas diversas que representan éticamente a las comunidades.
El archivo baúl y la paradoja de guardar y abrir
Otro punto destacado fue la reflexión sobre los archivos populares, los “archivos de baúl”, que contienen objetos y documentos personales que sustentan memorias locales. “Esos archivos subestimados esconden historias y saberes; cuando se abren dialógicamente, revelan significados que no están solo en las fotos, sino en el relato oral de quienes las guardan”.
Norman también recordó la dificultad que enfrentan investigaciones como la de Fals Borda, cuyo archivo está disperso y muchas veces cerrado, lo que ejemplifica un mal universal de los archivos: “Guardar no es suficiente; el problema es quién abre, cómo se abre y cómo se activa ese archivo para que la gente pueda acceder y dialogar con él”.
Una invitación a repensar la historia y el arte local
El taller concluyó con un llamado a valorar nuevos paradigmas en el arte y la historia, que superan categorías universales para dar espacio al arte local y a formas propias de registro y expresión visual. Desde el sombrero volteado Sinú hasta las técnicas tradicionales con caña flecha y tintes ancestrales, la experiencia mostró cómo las imágenes pueden ser un puente entre el pasado y el presente, entre la estética y la pedagogía, para construir nuevas formas de conocimiento y compromiso social.
El taller “Visiones de Colombia” no solo rindió homenaje a un pionero de la sociología participativa y la fotografía campesina, sino que abrió puertas para que nuevas generaciones experimenten y profundicen en estos legados desde una práctica creativa, crítica y colectiva.






