Como una fotografía tomada hace muchos años, permanece en el centro histórico de Valledupar, el caserón de la Purrututú. Un lugar que aunque parece congelado en el tiempo no puede negar los estragos que el paso de los días y la inclemencia del clima hicieron en su fachada, testigo mudo de una ciudad que crece en tamaño y economía, pero parece hacerse más pequeña si se habla del interés por proteger esas edificaciones que marcaron la apariencia física de la capital del Cesar.
En La casa de la Purrututú, ubicada en el callejón que tiene el mismo nombre, el techo amenaza caerse a pedazos.
La necesidad de arreglar esta vieja casa, hizo que la Fundación Amigos del Viejo Valledupar, Aviva, facilitara los medios económicos y arquitectónicos para que ese techo con tejas de barro sea reconstruido utilizando las técnicas y los materiales artesanales ancestrales.






