Como todos ya conocemos, el primer Festival de la Leyenda Vallenata se realizó en el año 1968, fueron sus organizadores Consuelo Inés Araújo Noguera, Alfonso López Michelsen y Rafael Calixto Escalona Martínez (Q.E.P.D); en esa ocasión el ganador fue Gilberto Alejando Durán Díaz (El Negro Alejo, de El Paso, Cesar), convirtiéndose en el primer Rey Vallenato, paradójicamente también ya desaparecido al igual que esos primeros gestores del Festival de la Leyenda Vallenata.
Por mérito y derecho natural corresponde a la ‘Capital Mundial del Vallenato’, homenajear al cantautor Diomedes Dionisio Díaz Maestre, con la celebración del 47 Festival de la Leyenda Vallenata y, recordamos también que fue aquí como despertamos al mundo con un acordeón, una caja y una guacharaca, además de canciones, parrandas y pasados gloriosos, que nos hicieron bailar, tararear, reír o llorar por una ilusión o por un desengaño.
Ahora bien, todo el andamiaje que hoy detenta el vallenato no es casual, sino fundamento en la realidad folclórica “del tinto y las caribañolas”… Preguntó el poeta en la lejanía: “¿dónde más, que en los cantos aprendidos de niños y que tarareaban buscando consuelo?”. Verso a verso vivimos la realidad de nuestros pueblos, porque nuestros acordeoneros y autores son espontáneos, sinceros y manifiestan todo su sentimiento en las famosas parrandas vallenatas, que van acompañadas de trago, sancocho y ahora recientemente baile; aunque Consuelo Araújo Noguera insistía en que las parrandas no se bailan.






