CULTURA

Las rosas rojas: Última parte

La afinidad musical de Lucho y Matilde sorprendía. Ella ingresó como cantante de la orquesta que dirigía Lucho a través de un concurso de talento en 1944, con la canción ‘Veneno de los hombres’, que nunca fue grabada.  Gracias a su carisma y a su voz, dio a conocer hermosas obras como San Fernando, canción […]

Las rosas rojas: Última parte

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La afinidad musical de Lucho y Matilde sorprendía. Ella ingresó como cantante de la orquesta que dirigía Lucho a través de un concurso de talento en 1944, con la canción ‘Veneno de los hombres’, que nunca fue grabada.  Gracias a su carisma y a su voz, dio a conocer hermosas obras como San Fernando, canción alusiva al Club San Fernando de Cali, una tierra que siempre llevó presente, Salsipuedes, Carmen de Bolívar, Prende la vela, Borrachera, Danza negra, etc.
El auge musical logrado por la orquesta producto de la genialidad de Lucho y la facilidad de trasmitir de Matilde, trajo también funestas consecuencias a la relación de la pareja. El matrimonio se fue deteriorando después de algunos años. El maestro luego de sus presentaciones en los Clubes nocturnos, organizaba con sus grandes amigos unas francachelas sin recato alguno, Matilde una mujer de carácter, hogareña y dedicada a su hija Gloria María, se iba a su residencia molesta y cansada de esperar un cambio de actitud de él. Por esta circunstancia llegó la desconfianza, la decepción y el amor, que es alegría y adoración, se extinguió. Esta triste realidad llevó a Matilde a apartarse de Lucho en 1963.

Matilde no imaginó que el amor le llegaría nuevamente a su vida a través de un detalle que poco a poco la cautivó. Años atrás, en El Banco (Magdalena), Lucho Bermúdez se conoció con Alfonso León Quintero, un reconocido ganadero y agricultor de Codazzi (Cesar), con quien estableció una amistad cercana, a través de una pariente que vivía en la capital del oro blanco. En Bogotá Armando León Quintero, hijo de Alfonso, compositor Vallenato, autor de varias composiciones entre ellas ‘Amor ausente’, éxito musical de Diomedes Díaz, se convirtió en su amigo inseparable, gracias a los gustos afines por la música y a las jaranas que permanentemente compartían.

Armando, que en muchas oportunidades acompañaba a Lucho en su presentaciones y luego continuaban con un selecto grupo de amigos, sus reuniones privadas con Mariachis y hermosas mujeres, observaba que un hombre elegante, después que Matilde terminaba su presentación se le acercaba, conversaba brevemente y le entregaba un ramo de rosas. Este provinciano curtido en amores y desdichas le dijo a Lucho: “Maestro, esto no me está gustando, ojo con esas flores. Qué vaina es esa?”. El maestro, acostumbrado a esos detalles del público, le contestó: “Armando no te preocupes, él es el doctor Alberto Lleras Puga, hijo del Presidente de la República Alberto Lleras Camargo, amigo y seguidor de mi música, que halaga a una gran artista que admira”.

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