La mujer es la metáfora más hermosa que ha podido construir nuestro autor/compositor en la música vallenata. Ella es la portadora de los encantos físicos, amorosos y el desamor, que la han convertido en la musa permanente, de todos esos versos y melodías que sustentan a nuestra música. Sin ella, no hay creación. La mujer es el todo para nuestra expresión artística.
Ella es el fuego y la paciencia, lo eterno y el olvido, como lo dijera un poeta desconocido, al dejar su visión: “Sentir su aliento, su sola presencia, era sentir el fuego que va quemándote desde el interior. Un fuego que consume, que destruye todas tus razones”.
Lee también: “Y esto va para Consuelo Araujonoguera con todo cariño y afecto”…











