CULTURA

Enrique Díaz, el juglar que no vivió de aplausos

Contrariando la tesis popular de que los aplausos son el alimento de los artistas, el juglar sabanero Enrique Díaz Tovar tenía sus propios y efectivos argumentos que exponía cuando estaba en parrandas, amenizaba casetas o distintas presentaciones. Es así, como hasta sus últimos días fue fiel a sus preceptos de no tocar su acordeón gratis, […]

Enrique Díaz, el juglar que no vivió de aplausos

Enrique Díaz, el juglar que no vivió de aplausos

canal de WhatsApp

Contrariando la tesis popular de que los aplausos son el alimento de los artistas, el juglar sabanero Enrique Díaz Tovar tenía sus propios y efectivos argumentos que exponía cuando estaba en parrandas, amenizaba casetas o distintas presentaciones. Es así, como hasta sus últimos días fue fiel a sus preceptos de no tocar su acordeón gratis, razón por la cual no ensayaba.

Una anécdota que ratifica su peculiar condición sucedió en el año 2000, en El Paso, Cesar, cuando en el Festival Pedazo de Acordeón fue invitado a la tarima a realizar una presentación. Cuando subió, el presentador pidió aplausos para el juglar, y enseguida Enrique ripostó: “Un momento, yo no vivo de aplausos porque eso no da pal’ mercado. Si el alcalde me responde, yo de inmediato les regalo cuatro o cinco piezas”. En esa ocasión, el alcalde le respondió al autor de ‘El rico cují’.

Enrique Díaz era ingenioso, práctico, claridoso y no se guardaba nada. En alguna ocasión estuvo en Chimichagua, y le gustó una morena que tenía las medidas calculadas para su cuerpo. Indagó por ella, y cuando le comentaron que era separada, pero que tenía dos hijos, retrocedió en su interés de conquistarla y manifestó: “Yo no estoy pa’ criá cachorros ajenos, mejor me busco un nido que esté sólo”.

Sigue leyendo

Crea tu cuenta para leer el artículo completo

Desbloquea el resto de la historia e inicia sesión para seguir leyendo sin interrupciones.

TE PUEDE INTERESAR