Tenía 24 años cuando empezó a componer. Era la misma época en la que el viejo Emiliano, Leandro Díaz, Lorenzo Morales y Armando Zabaleta, se paseaban por tierras cesarenses y guajiras cantando, tocando y contando historias.
De parranda en parranda estrechaban lazos cada vez más fuertes; el de la amistad fue, tal vez, el más dinámico de todos.
La famosa canción del Maestro Leandro Díaz, “A mí no me consuela nadie” da fe de eso:






