No existe en las parrandas de antaño, un solo recuerdo en el que no estuviera el personaje pintoresco, de inteligencia natural, dicharachero y amiguero que era Andrés Becerra. Su espontaneidad y sagacidad para entretener a punta de cuentos costumbristas y versos alegres le proporcionaban el toque parrandero a los encuentros vallenatos.
Parrandear en ese entonces se había convertido en una experiencia donde no solo se ejecutaba el acordeón, y se tocaba la caja y la guachara al ritmo de un canto vallenato, sino en el espacio en donde se echaban cuentos y se emitían versos espontáneos a los asistentes a la parranda y para eso, Andrés sí que era un maestro.
La vida lo situó en la historia del folclor vallenato, como uno de los sus hombres más representativos, a pesar de no tocar ningún instrumento. Su incursión en las parrandas le daba un toque especial, producto deuna inteligencia comprobada con la sorprendía contando cuentos interminables y mágicos, cargados de humor y costumbrismo.






