“No sé qué tiene el acordeón de comunicativo que, cuando lo escuchamos, se nos arruga el sentimiento”, expresó Gabriel García Márquez, para significar las bondades emocionales que produce un buen canto vallenato. De igual manera, le comunicó al mundo que su libro ‘Cien años de soledad’ era un vallenato de 350 páginas.
Excelente manera para exaltar una música que nació en los corrales de distintos caseríos de la costa Caribe colombiana, y que interpretaban con su acordeón hombres campesinos curtidos por el sol y las labores propias de su entorno, quienes en sus descansos cantaban sobre hechos cotidianos.
Así nació la música vallenata, llegando al más alto sitial de honor, siendo necesario que los juglares salieran de sus pueblos para dar a conocer sus mensajes cantados, los cuales tenían la esencia misma de la boñiga, la tierra mojada, el tinto mañanero y el sentimiento más puro.











