Del 4 al 7 de junio, la cuarta Feria del Libro de Valledupar (Felva), organizada por el periódico EL PILÓN y la Alcaldía de Valledupar, convertirá el centro histórico en una ciudad‑libro con conversaciones, recitales y lanzamientos que cruzan memoria, Caribe, feminismos, salud mental y geopolítica.
Felva se consolida además como una feria con respaldo institucional: hace parte de la Red Nacional de Ferias del Libro y cuenta con reconocimiento del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, lo que la ubica dentro del circuito oficial de grandes encuentros del libro en Colombia. Esta articulación refuerza su vocación de proyecto cultural de ciudad y de región, y respalda la apuesta de EL PILÓN como único periódico del país que organiza una feria del libro con esta dimensión.
Una ciudad que se prepara
A una semana del inicio, Felva 2026 aparece no solo como una agenda de eventos, sino como una invitación a recorrer Valledupar de otro modo: de sala en sala, de conversación en conversación, de libro en libro. La feria tendrá actividades en la Casa de la Cultura, el Banco de la República, el auditorio Leandro Díaz de la Cámara de Comercio, la Plaza Alfonso López, Casa Castro Monsalvo, Gases del Caribe y espacios aliados como La Bienaventurada.
La apertura será el jueves 4 de junio en la Plaza Alfonso López con la participación del alcalde Ernesto Orozco Durán, del director de EL PILÓN, Juan Carlos Quintero Castro, y una presentación de la Filarmónica del Cesar. Además, la organización ha señalado que este año habrá programación cultural permanente en la plaza y que el viernes 5 y el sábado 6 la agenda se extenderá hasta las 9:30 de la noche.
Lo que aún no se ha dicho del todo
A diferencia de una feria pensada solo para especialistas, Felva 2026 está armada para lectores muy distintos entre sí. Habrá libros y conversaciones sobre novela, cuento, poesía, historia, antropología, cultura indígena, música, periodismo narrativo, romance, fantasía, erotismo, política, geografía, salud, bienestar, infancias y memoria del conflicto armado.
También será una edición donde el público podrá encontrar los libros de los que se hablará en la programación, algo que la organización quiso reforzar este año tras las preguntas recurrentes de versiones anteriores. La muestra editorial y comercial estará en la Plaza Alfonso López y en la Casa de la Cultura, con presencia de librerías y editoriales, y con una apuesta más clara para que también estén disponibles los libros de autores locales y regionales.
Lectores de todas las edades
Otro rasgo de esta edición es que la feria buscará no concentrarse solo en nombres nacionales, sino equilibrar esa presencia con autores del Cesar y de Valledupar. Por primera vez habrá una franja específica para voces emergentes, mientras que la programación incluye talleres para niños, espacios de formación de lectores, un taller de escritura creativa con María Fernanda Piñeres y encuentros que conectan lectura, sensibilidad y cuidado emocional.
La agenda también abre espacio para temas que suelen convocar públicos distintos: la charla sobre telenovelas como espejo sentimental de América Latina, conversaciones sobre feminismos y masculinidades, un espacio sobre salud y alimentación con Óscar Rosero, además de recitales poéticos y diálogos sobre conflicto, justicia y verdad. Esa mezcla hace que Felva se parezca menos a una feria cerrada y más a una conversación amplia sobre lo que hoy inquieta, conmueve o interpela a la región.
La cuenta regresiva
Felva llega a su cuarta edición después de haberse consolidado en años anteriores como una de las citas culturales más visibles del Caribe colombiano y como una feria capaz de convocar a miles de personas en torno al libro y la palabra. A una semana de su comienzo, la expectativa ya no pasa solo por saber quiénes vendrán, sino por cómo la ciudad volverá a apropiarse de esos espacios, esas preguntas y esas lecturas durante cuatro días.
La invitación, entonces, es a empezar a programarse desde ya: revisar horarios, ubicar escenarios, pensar qué conversaciones seguir y dejar espacio para lo inesperado. Porque si algo ha ido ganando Felva con cada edición es precisamente eso: la capacidad de convertir a Valledupar, por unos días, en un lugar donde leer también es una forma de encontrarse.






