Por estos días se realiza en Codazzi, uno de los municipios más importantes del Cesar, sus fiestas patronales de la Divina Pastora y el Encuentro Cultural de la Asociación de Profesionales de Codazzi.
Me ha costado reconciliar el sueño después de aquella tarde cuando escuché la frase de Napoleón Ávila Sehoane: “Antes uno moría más tranquilo que ahora, cuando Codazzi era un caserío”.
Lo dijo así de escueto, como si la muerte conociera el tiempo o los mejores momentos; pero lo dijo para significar que de aquel Codazzi cuando él nació no queda ni la sombra, porque del parque “Simón Bolívar” y los colegios insignes de su época (años 40, 60 y 70) El Buen Pastor y La Divina Pastora aledaños a la plaza principal del pueblo, se los había tragado el modernismo del cemento.
La ganadería en los años 40 y parte de los 50, solo servían para el sostenimiento de la comunidad. Los pequeños hatos fueron quedando rezagados y llegó la siembra del algodón, lo que partió en dos la historia del pueblo en donde “El Cocora” (Jaime Alvarado) un futbolista barranquillero que llegó a Codazzi por los años 60 y 70 deslumbró a todo el mundo con sus quiebres y “chalacas” futboleras.
El furor por el algodón se fue promulgando y el cultivo vislumbraba mejor porvenir para las familias del pueblo. Los terratenientes de la época le vieron mucho futuro al cultivo y empezaron a cultivar algodón.
“Sembrar algodón daba muchos lucros, las ganancias eran del carajo, muy buenas. Nosotros llegamos a sembrar hasta 400 hectáreas. La cosecha era una vez al año. Se ganaba uno muchos millones y se los gastaba en carros nuevos, viajes, parrandas, ropa y los hijos de los algodoneros estudiaban en Inglaterra, Estados Unidos, nos íbamos para Europa cada año. Uno se volvía loco cuando llegaban los millones por las cosechas algodoneras”, contó muy entusiasmado Napoleón Ávila.
“Se llegaron a sembrar hasta 100 mil hectáreas en Codazzi”, afirmó Ávila, cifra que superó todo pronóstico de siembra. Además, se convirtió el algodón en el mejor empleador. Todos los muchachos trabajaban en las desmotadoras.
De tres equipos desmotadores de algodón, se pasó rápidamente a siete equipos que fabricaban entre 90 y 110 pacas de algodón fibra por cada turno de trabajo de 12 horas. Es decir, que en cada turno en 24 horas fabricaban entre 1.400 y 1.550 pacas con un peso que oscilaba entre 220 y 240 kilos cada una.
Dinero a granel
Muchos recuerdan la época de “las vacas gordas”, cuando el gobierno creó la empresa Instituto de Fomento Agropecuario (IFA) para el desmote del algodón y años después se convirtió en Idema. Luego un grupo de algodoneros de la Costa Atlántica compró las maquinarias y nació Cenalgodón y al mismo tiempo Federalgodón, en cabeza de los dirigentes Hernán Maestre Pavajeau y Antonio Abello Roca, quienes lideraron el gremio.
En el furor de la bonanza algodonera (años 70 y principios del 80) los productores se vieron en la necesidad de crear empresas como Coral, Asocesar y Federación Nacional de Algodoneros, con el fin de tener un gremio sólido. Para la misma época llegaron a Codazzi los hermanos Sarmiento Angulo: Arturo (Ingeniero Agrónomo quien se casó con una dama de Montería) y su hermano, el médico Germán quien ejerció por muchos años la medicina en el pueblo. “Ellos compraron fincas y empezaron a sembrar algodón”, recuerdan los codacenses. Hoy es la familia más rica de Colombia y la 53 más rica del mundo.
También cuentan que “hasta los cuñados: como el doctor López y el doctor Coronado, que era gente importante del Tolima y el Huila, se vinieron para Codazzi siguiendo a los Sarmiento Angulo. Eso le sirvió mucho a Codazzi porque era gente importante del interior. También llegó el empresario Luis Peña, compró finca y sembró algodón. Luis Peña se casó con Delia una dama muy agraciada y ganadera; llegó Rómulo Vargas (fue Congresista), El Mocho Vargas y Jorge Trujillo quien terminó siendo alcalde de Codazzi, dijo Napoleón.
Al pueblo también llegó José Bolívar Mattos. Llegó a Codazzi como sastre, procedente de Manaure. Le arrendó una casa a Virginia Ávila y allí montó el negocio. Ahí conoció a Carmen Barrero de quien se enamoró y luego se casó con ella. Esta fue una de las familias más acaudaladas de la región.
La plaga
La crisis algodonera llegó en los años 80 y se afirma que la mayor causa del problema surgió porque los algodoneros nos destruían la soca (la mata de algodón, después de cosecha) y la plaga se incrementó, como pasó en México.
“Los insecticidas fueron insuficientes y nos vendían frascos muy fallos de medida, entonces las fumigaciones quedaban a media y la plaga dañaba los cultivos y luego acabó con las tierras, por el incremento de la plaga”, recordó Ramón Ávila Padró.
Era tanto el problema de los insecticidas que escaseaba y los algodoneros se vieron en la imperiosa necesidad de fumigar los cultivos con agua de jabón Fab. Los insecticidas no erradicaban las plagas (gusanos) que crecían a borbotones en los cultivos por culpa de la no destrucción de la soca. Los cultivadores se desesperaron tanto que alguien les dijo que fumigaran con jabón Fab, pero no sirvió.
“Además, se suscitó una serie de robos de los insecticidas y cada día eran más caros e inalcanzables, mientras que la plaga crecía. Nos tocaba enterrar los frascos y pimpinas de insecticidas en las fincas y las desmotadoras porque no los podíamos tener guardados. Esos químicos se demoran hasta 120 años para degradarse. Todavía están haciendo efectos, en la salud de todos”, afirman en Codazzi.
En plena bonanza algodonera, cada año en noviembre y diciembre llegaban a Codazzi entre 50 y 60 mil recolectores de algodón de todas partes del país: Tolima, Bogotá, del interior, de la Costa, Barranquilla, Bolívar, Magdalena y La Guajira.
Los pocos barrios como Primero de Mayo, El Tesoro, Buenos Aires, Machique, San José, El Instituto, Martínez Barbosa, 15 de Noviembre, El Socorro, Las Flóres, Galán, La Tranquilidad y El Obrero empezaron a llenarse de nuevos inquilinos y el pueblo empezó a desplegarse con nuevos barrios.






