CULTURA

Casetas, tradición que no muere.

Todo comenzó por la necesidad de hallar un lugar donde realizar las parrandas y toques de los cantantes que vivían cerca del barrio Cañahuate, Rosa Antonia ofreció su patio para que la bulla no molestara a los vecinos que residían cerca del sector; lo que jamás se imaginó fue que su casa iba a formar […]

Casetas, tradición que no muere.

Casetas, tradición que no muere.

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Todo comenzó por la necesidad de hallar un lugar donde realizar las parrandas y toques de los cantantes que vivían cerca del barrio Cañahuate, Rosa Antonia ofreció su patio para que la bulla no molestara a los vecinos que residían cerca del sector; lo que jamás se imaginó fue que su casa iba a formar parte de una gran tradición en Valledupar en época de carnavales.

La casa de doña Rosa solo tenía dos habitaciones y un patio trasero muy grande, como era normal en las residencias antiguas de la ciudad, lo cual fue ventaja para la organización de muchos eventos.

Al momento de invitar a las personas al toque o baile, les decían que era en el patio de Rosa Antonia en el barrio el Cañahuate; pero muchos, por no decir la gran mayoría, no sabían dónde quedaba el lugar y por quedar en ese popular sector y ser el patio más grande, la bautizaron como La Cañahuatera.

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