Cada día en Valledupar, en algún sector del municipio, el fétido olor de las aguas atormenta a los ciudadanos hasta que el los vehículos de Emdupar hacen la tarea y se supera la crisis, pero al día siguiente el mal olor se traslada, por cualquier razón, a otros lugares. El problema parece no tener fin. ¿Quién tiene la culpa? ¿Cómo se soluciona el problema? Muchos son los factores que influyen en la continuidad del desagradable problema.
La disyuntiva legal de los barrios subnormales frena las inversiones en acueducto y alcantarillado. Por eso, todavía existen casas que descargan sus aguas residuales en pozas sépticas con todos los problemas de salubridad que representa. Incluso, en una reciente revisión, funcionarios encontraron pozos informales conectados a las redes de aguas residuales. A esos pozos caían escombros, basura y desechos que la lluvia arrastraba y que terminaban taponando las tuberías.
La capital del Cesar tiene más de 30 barrios en condición subnormal sin reconocimiento en materia de títulos. El aumento de los asentamientos se convierte en un problema de varias fases para el alcantarillado municipal. “Primero, crecen desordenadamente. Segundo, en el afán de solucionar la falta de vivienda no prevén la construcción de alcantarillado. Ese desorden termina en el caos de las tuberías porque en un vaso de agua de tres litros están echando cinco”, describió Ricardo Llanos, jefe de Operación Técnica de Emdupar.











