Poder dormir en la terraza de una vivienda o debajo de un techo, donde se sienta cobijado durante la noche, es lo que anhela todos los días Marlon Hernández, un hombre de 36 años en condición de habitante de calle desde hace 10 años, cuando salió de su natal Santa Marta y llegó a Valledupar por ‘circunstancias de la vida’, según relató. Reconoció que el camino de la drogadicción no fue el mejor para su vida, pero el rechazo familiar y de la sociedad no le han dado otra alternativa.
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“Llegué aquí a Valledupar a finales del 2010, no pensé quedarme sino seguir recorriendo el país, pero inicialmente encontré trabajo en el Mercado Público, ya después todo se complicó y mi hogar han sido las calles. No he regresado a Santa Marta porque allá no me espera nadie, cuando caí en el problema de la drogadicción mi familia me rechazó y ya para qué regresar”, relató Marlon Hernández.











