Esta crónica se adentra en el corazón de esos relatos inmortales: los mitos y leyendas que, generación tras generación, siguen tejiendo el tapiz invisible de nuestra identidad. Prepárense para cruzar el umbral donde la ficción se confronta así misma y el miedo es la única regla.
Esa noche, la parranda estaba viva en el barrio El Cañaguate, en Valledupar. El ambiente olía a ron, a música y a alegría. Poncho estaba allí, rodeado de sus amigos y su familia, celebrando un cumpleaños.
Era el alma de la fiesta: el que más reía, el que más bailaba… y también el que más tomaba. Ya llevaba ventaja frente a los demás con el trago. Su mamá, al verlo llegar más temprano, había dicho:
—Ese muchacho viene en temple.











