A la entrada de los restos del desalojo del asentamiento irregular del IDEMA se encuentra un amasijo de gusanos, pelos y unas tetas que antes cargaron leche: es el cuerpo de una perra recién parida que al momento de entrar la maquinaria, según testigos, fue arrasada junto a sus crías bajo los escombros. Así como ellos, otras decenas de animales terminaron envueltos en lo que, de acuerdo con organizaciones y habitantes, constituye una violación sistemática del deber institucional hacia los animales: perros, gatos, gallinas, cerdos, todos deambulan asustados y sin rumbo sobre lo que antes era el único lugar seguro.
Aunque, en la mañana del 13 de junio, la Secretaría Local de Salud de Valledupar realizó una jornada de caracterización, vacunación y desparasitación de animales en el antiguo lote del IDEMA, presentando la actividad como parte de una estrategia integral para el bienestar animal y la salud pública, lo que, según testigos y organizaciones defensoras de animales, fue una intervención insuficiente y desconectada de las necesidades reales del lugar: muchos de los animales ya estaban vacunados y esterilizados gracias al trabajo previo de la comunidad y Huellitas Callejeras, y la jornada, ejecutada en medio del caos y el estrés del desalojo, no respondió a las necesidades urgentes de refugio y protección.











