Un domingo atípico se percibía ayer en el Balneario Hurtado, debido a la medida decretada por la Alcaldía de Valledupar que ha dejado durante ocho días a este tramo del río Guatapurí sin vendedores, bañistas y sin los tradicionales paseos de olla, puesto que es uno de los lugares más concurridos de la ciudad durante los fines de semana. Lo que reinaba en cambio era la tranquilidad, el silencio y la calma de un lugar que ofrece su exuberante belleza natural como mayor atractivo.
Aunque el Balneario Hurtado es uno de los sitios más emblemáticos de la ciudad y atrae el interés tanto de nativos como visitantes, ha sufrido las consecuencias de un uso permanente, extremo y con poco cuidado en el manejo de las basuras.
Lejos de los fuertes pick-up que entretienen con su música a las personas, la romería de bañistas y los cientos de vendedores que hacían presencia y que en los fines de semana casi duplican su cifra, las pocas personas que ayer se acercaron a Hurtado encontraron una reserva natural donde el orden reinaba, la limpieza era notable y se podía observar con total tranquilidad el paisaje con la cristalina corriente que desciende de la Sierra Nevada de Santa Marta.











