El 24 de agosto de 1990 llegaron 50 personas provenientes de distintas partes del país en busca de un refugio y lo hallaron en las tierras donde hoy está asentado el barrio Divino Niño.
Benilda Beleño, una de las primeras invasoras del sector, recuerda que en ese entonces había una acequia que debían pasar todos agarrados de la mano porque la corriente de agua era muy fuerte. “Luego construimos un puente artesanal para poder pasar con tranquilidad. Recuerdo con exactitud que Ana Barragán fue la primera invasora”, recordó la pobladora de ese sector.
En esa época las casas eran de bareque y tablas, incluso de materiales reciclables. En la actualidad todas las viviendas son de ladrillo y en algunos casos son casas grandes que poco a poco le dieron otra cara al sector.











