Décadas tras décadas, generaciones de niños y jóvenes que han llegado a la etapa adulta, ciudadanos que han emigrado y quizás regresado, entre otras diversas situaciones, ven que lo que no cambia para bien y mejoría en Aguachica, Cesar, es la prestación del servicio de agua, necesario para la sostenibilidad vital en todos los sentidos y aspectos.
En Aguachica, solo se ve salir agua por las llaves o plumas una vez al mes, sin horas fijas de llegada ni de suspensión. Lo puntual de este asunto es la llegada de la factura, con tarifas exorbitantes que superan los veinte mil pesos en estratos considerados bajos, un hecho definido como injusto debido a la demora en la llegada del líquido a las viviendas por parte de la Empresa de Servicios Públicos de Aguachica (ESPA).
La ciudad vive en paradoja en relación con este tema: mientras en tiempo de verano los bajos niveles del afluente natural golpean el recurso hídrico en la bocatoma por ausencia de lluvias, en invierno los altos niveles alteran el estado físico natural de este afluente, impidiendo de esta forma el normal suministro para la población en general.











