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25N: en Valledupar, cada 11 horas una mujer es violentada

El 25N se conmemora el Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres, visibilizando la violencia de género y feminicidios en el Cesar, con un llamado a ejecutar políticas públicas que sí solucionen esta problemática.

Regularmente colectivos y organizaciones de mujeres en el Cesar se pronuncian en contra de la violencia de género. Foto: Jesús Ochoa.

Regularmente colectivos y organizaciones de mujeres en el Cesar se pronuncian en contra de la violencia de género. Foto: Jesús Ochoa.

Por: Katlin

@el_pilon

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La Red de Voceras y Voceros Párala Ya en Valledupar organiza un acto simbólico en conmemoración del 25N, Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres, para declarar la emergencia por violencia contra las mujeres. El evento será este martes 25 de noviembre a las 9 a. m. en el Parque de las Madres, con apoyo de Asoendica y Ciase, entre otras organizaciones aliadas.​

La red convoca a la comunidad vallenata a participar en un acto simbólico que visibiliza la creciente violencia contra las mujeres y feminicidios en el departamento del Cesar. Se realizará una velatón con imágenes 3D de víctimas y la participación de 50 a 70 mujeres de corregimientos rurales, para sensibilizar sobre la realidad que enfrentan muchas mujeres, en especial, en zonas donde la violencia está oculta, es más frecuente.​

También se realizará en la Universidad Nacional, sede La Paz, a las 9 de la mañana, el conversatorio en conmemoración de ese día Hackea El Sistema.

Cifras de violencia sexual, física y psicológica

Según cifras del Instituto Nacional de Salud (INS), en el departamento del Cesar se han reportado un total de 2.024 casos de violencia distribuidos en diversas modalidades: 1.144 casos de violencia física, 593 casos de violencia sexual, 254 casos de negligencia y abandono y 33 casos de violencia psicológica. De estos, el 78 % corresponden a mujeres y el 22 % a hombres, siendo relevante que más de 304 de estos casos en hombres afectan a grupos vulnerables como niños, adolescentes y adultos mayores de 60 años.

El INS también destaca que el 80 % de estos casos de violencia ocurren en el estrato socioeconómico 1. Los municipios con mayor incidencia son Valledupar, con 679 casos; Aguachica, con 209; y Codazzi, con 125, lo que evidencia concentraciones significativas en estas localidades y la necesidad de atención específica en estos territorios. De esa manera se puede medir la gravedad y la disparidad territorial de la violencia de género y otras formas de violencia en el Cesar, confirmando la urgencia de implementar políticas públicas focalizadas para su prevención y atención.

Violencia es más que golpes

La violencia contra las mujeres se manifiesta en múltiples formas que van más allá de lo físico y se infiltran en diferentes ámbitos de la vida, muchas veces sin que todas estén tipificadas como delito. La violencia física es la más reconocida, e incluye golpes, empujones y cualquier agresión que cause daño corporal. Sin embargo, existen formas igualmente dañinas, como la violencia psicológica, que se expresa a través de humillaciones, insultos, control, intimidación y aislamiento, afectando la salud mental y emocional de las mujeres. Esta violencia también puede ser simbólica, manifestada mediante mensajes, símbolos o patrones sociales que refuerzan la subordinación y discriminación hacia las mujeres, normalizando su exclusión y desigualdad.

En el contexto social y político, la violencia se extiende a la violencia política, donde se busca obstaculizar o castigar la participación activa de las mujeres en espacios de poder. También están la violencia obstétrica, que ocurre en prácticas médicas que irrespetan la integridad y derechos reproductivos de las mujeres durante el embarazo y parto, y la violencia vicaria, que implica el daño a seres queridos para causar sufrimiento a la mujer. La violencia económica restringe la autonomía mediante el control abusivo de recursos y la limitación en la gestión del dinero, lo que a menudo mantiene a las mujeres en situaciones de dependencia y vulnerabilidad.

Además, la violencia digital incluye el acoso y agresiones a través de medios electrónicos, mientras que la violencia estética y patrimonial afectan la libertad y propiedad de las mujeres. La violencia sexual comprende cualquier acto sexual no consentido que viola la autonomía corporal. Y no menos importante, la violencia verbal implica el uso de palabras para denigrar y agredir, mientras que la violencia institucional se da cuando organismos públicos o privados impiden o dificultan el acceso a servicios o tratan discriminatoriamente a las mujeres. La forma más visible y extrema de todas estas violencias es el feminicidio, que es la consecuencia directa de la acumulación de estas diversas violencias y representa la violencia fatal contra las mujeres por razones de género.

No todos estos tipos tienen una tipificación clara en la ley, dificultando la justicia para las víctimas y la sanción adecuada para los agresores.

Voceras y Voceros Contra la Violencia

Arrieta Guerra, representante legal de la red, destaca la importancia de la personería jurídica para acceder a convocatorias oficiales y legitimar el trabajo de la red iniciada en 2011. La red está conformada por 15 organizaciones que trabajan en la defensa de los derechos de las mujeres y la erradicación de la violencia de género en el Cesar.​

La red invita a toda la comunidad a unirse al acto simbólico para honrar a las víctimas y exigir políticas públicas efectivas de protección y prevención. La organización denuncia que en lo que va del año han sido asesinadas 22 mujeres en el Cesar, muchas muertes no catalogadas como feminicidio por la falta de tipificación adecuada, lo que dificulta la justicia.​

Violencia de género normalizada

Durante el conversatorio “Justicia, memoria desde el territorio” realizado el 24 de noviembre en la UDES y organizado por varias colectivas y la Universidad de Santander, Angélica María Arias Preciado, mujer tejedora de paz y psicóloga especializada en género, planificación, desarrollo y construcción de paz, compartió un análisis profundo sobre el aumento de casos de violencias físicas y sexuales contra las mujeres en la región Caribe. Arias, con una amplia experiencia en derechos humanos, derecho internacional humanitario y justicia transicional, destacó que estas violencias no solo son números, sino expresiones de una crisis social estructural que se relaciona con un sistema capitalista que perpetúa desigualdades y violencias hacia las mujeres.

Angélica María Arias Preciado, mujer tejedora de paz y psicóloga especializada en género, durante su intervención en el conversatorio realizado en UDES, resaltando la importancia de un análisis sistémico para enfrentar las violencias de género en el Cesar y Colombia. Foto: Jesús Ochoa.

Angélica María Arias Preciado, mujer tejedora de paz y psicóloga especializada en género, durante su intervención en el conversatorio realizado en UDES, resaltando la importancia de un análisis sistémico para enfrentar las violencias de género en el Cesar y Colombia. Foto: Jesús Ochoa.

Desde su perspectiva, la violencia contra las mujeres en el Caribe refleja un fenómeno que algunos estudiosos llaman “micropolítica” o “política de la muerte”, indicando cómo los paradigmas globales de violencia también se manifiestan localmente. 

Arias enfatizó la preocupante cifra de feminicidios y violencia sexual creciente, citando que en 2023, hasta septiembre, ya se habían reportado 622 feminicidios en Colombia, solo un poco menos que los 886 del año anterior, evidenciando un recrudecimiento grave de estas violencias. La situación se agrava en ciudades caribeñas como Barranquilla, Cartagena o Santa Marta, donde patrones estructurales de violencia se cruzan con factores como turismo, explotación sexual infantil y tráfico de personas, afectando especialmente a menores de 18 años, quienes representan alrededor del 70 % de los casos de violencia sexual reportados según Forensis.

Participantes del conversatorio “Justicia, memoria desde el territorio” en la UDES Valledupar. Foto: Jesús Ochoa.

Participantes del conversatorio “Justicia, memoria desde el territorio” en la UDES Valledupar. Foto: Jesús Ochoa.

La activista también alertó sobre el conflicto entre las masculinidades tradicionales y los avances del feminismo, señalando un choque que genera fenómenos como el incesto y otras violencias sexuales, productos de un sistema patriarcal poscolonial y capitalista que debe desmontarse para alcanzar transformaciones profundas. “No podemos ver esto como una pelea entre hombres y mujeres, sino hacer un análisis sistémico”, afirmó. Su intervención concluyó señalando que comprender y actuar sobre estas violencias requiere reconocer que la realidad local está imbricada con la global y que solo con un enfoque intercultural, interseccional y transformador será posible construir paz y justicia para las mujeres en la región Caribe y en Colombia en general.

Retos y propuestas

La red denuncia la falta de implementación de políticas públicas de protección para las mujeres del departamento, y la necesidad de proyectos que impulsen la autonomía económica femenina como forma de verdadera libertad y reducción de la violencia. Se hace énfasis en la importancia de la educación, la sensibilización desde el hogar y la comunidad, y la atención en salud mental con enfoque de género para el abordaje integral de la violencia.​

Este llamado incluye de manera explícita a hombres y niños en la construcción de una sociedad que rechace toda forma de violencia contra las mujeres, con dos mensajes esenciales: primero, que la lucha contra la violencia de género es una responsabilidad compartida en la que los hombres tienen un papel fundamental, asumiendo la necesidad de denunciar y rechazar conductas violentas entre sus pares; y segundo, que la solidaridad entre mujeres es vital para la protección mutua, combatiendo el paradigma de que las relaciones entre mujeres no existe, a diferencia de muchas relaciones con hombres, donde hay incidencia de golpes, violaciones y feminicidios. 

Temas tratados
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