23 febrero, 2021

Abogado permanece en clínica tras ser baleado por su papá en Valledupar

El afectado completó 20 días bajo observación médica por un disparo con escopeta en una de sus piernas.

Los hechos sucedieron en Las Casitas. 

FOTO/ARCHIVO.

En un centro asistencial permanece recuperándose el abogado Juan José Sánchez Curiel, de 40 años de edad, tras resultar herido de un disparo con escopeta a manos de su padre en hechos ocurridos en una finca ubicada en la vereda Las Casitas, jurisdicción de Valledupar.

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Sánchez Curiel sufrió el ataque en el predio Dianilandia cuando junto con un familiar llegó a solucionar un problema de linderos con su papá, quien los recibió con arma de fuego.

Según Eduardo Sánchez Curiel, el ataque  hacia su hermano Juan José Sánchez fue por una cerca que su progenitor presuntamente de manera arbitraria quería correr de los predios vecinos, que es propiedad de ellos.

Vivimos en Barranquilla y llegamos a  Valledupar. Al llegar al predio nos dice la esposa (madrastra) que él (su papá) está ofuscado y que fuéramos en el nombre de Dios a hablar con él. Al entrar nos encontramos con un carro atravesado en el camino. Me bajé de la camioneta, caminé hacia vehículo de mi papá y me recibió con la escopeta en el pecho, me dijo: ‘Yo se los dije, váyanse de aquí porque los mato’. Le respondí que si era enserio, me alcé la camisa y le dije que aquí nadie iba a matar”, relató Eduardo Sánchez.

Explicó, además, que su papá primero intentó dispararle a él, pero no pudo accionar el arma; apuntó otra vez e hirió a Juan José Sánchez en una pierna derecha.

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En el sitio, Eduardo con ayuda de un empleado auxilió a su hermano y lo trasladó a la Clínica Cesar en Valledupar. Sin embargo, por la gravedad de la herida fue remitido a la Clínica Iberoamérica en Barranquilla, donde fue intervenido quirúrgicamente. En ese centro asistencial completa 20 días de estar bajo observación médica debido a que ha sido sometido a injertos de piel.

LA DISPUTA

El caso de violencia intrafamiliar ocurrió en el marco de una disputa de unas tres hectáreas que, presuntamente, quería coger el agresor sin contar con la autorización de los hijos, quienes crecieron alejados de él con su mamá.

El basto terreno es una finca que está divida en dos: una parte pertenece al padre y la otra a los hijos.

Llegamos a ir a una reunión con la esposa y los hijos sobre cómo nos dividimos y no hubo pelea. Pero él es de los que dice que hace lo que quiere y que si quiere dar rastrojo lo da”, explicó Eduardo Sánchez.

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Por lo anterior, los parientes afectados trasladaron estas diferencias al ámbito penal, puesto el progenitor enfrentará un proceso por el ataque y otro civil para resolver el dilema del predio.

POR REDACCIÓN/ EL PILÓN.