El silencio volvió primero que la tranquilidad. En Casacará, corregimiento de Agustín Codazzi, los habitantes aprendieron hace más de dos décadas a distinguir entre una noche común y una noche marcada por el miedo. A 26 años de la masacre ocurrida el 18 de mayo de 2000, una investigación realizada por EL PILÓN reconstruyó cómo este territorio del Cesar pasó de ser un corredor golpeado por el paramilitarismo a una comunidad que hoy intenta rehacer su historia lejos de la violencia.
Aunque la masacre permanece en la memoria colectiva, para muchos pobladores el terror no comenzó aquel día. Documentos judiciales, relatos comunitarios y testimonios recopilados por este medio revelan que desde finales de los años noventa Casacará ya vivía bajo tensión por la presencia del Bloque Norte de las AUC, estructura armada comandada por Rodrigo Tovar Pupo. Las restricciones para movilizarse, los retenes ilegales y los asesinatos selectivos transformaron la rutina de campesinos, comerciantes y transportadores.
Todo comenzó con un bloqueo engañoso








