Los primeros jóvenes fueron enviados a ciudades como Ocaña, Mompox y Santa Marta, en donde funcionaban colegios de prestigio y calidad educativa, como el Caro, el Pinillos y el Celedón; mientras que las señoritas iban a internados de colegios de religiosas en El Banco, Mompox y Barranquilla. Los hombres a estudiar bachillerato y las mujeres Secretariado Comercial. De esa manera, al finalizar la década del cincuenta, ya el pueblo tenía bachilleres ingresando o graduándose en universidades de Bogotá y Popayán.
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El ejemplo de estas primeras familias tuvo tantos émulos, que muy pronto se inició un proceso copioso de desplazamiento, de jóvenes individualmente y de familias enteras, trasladadas a otras ciudades con propósitos claramente educativos.











