Con apenas 9 años, Wilfredo Rosales Ortega se aprendió todas las canciones consignadas en dos casetes que escuchó en una grabadora nueva que había comprado su papá en Maicao.
Ese pequeño episodio, que pasó desapercibido para el hogar de los Rosales Ortega, fue la primera señal que Wilfredo tenía un talento especial.
Sin embargo, más allá de su niñez en la que se destacaba por su gran capacidad para retener y memorizar letras, fue en medio de su trasegar laboral cuando se dio cuenta que tenía un “señalamiento de Dios de ser una persona memoriosa”.











