Conocí a Iván Villazón, una de esas tardes friolentas del mes de mayo del año 1975, había una reunión política en el apartamento del exministro Carlos Martínez Simahán, situado en el norte de la ciudad de Bogotá. Iván tendría algunos 16 años de edad y yo aún no había cumplido los 20, apenas comenzaba a estudiar mi carrera de Arquitectura.
El doctor Crispín Villazón de Armas, su padre, estaba en esa reunión, la cual se prolongó hasta bien entrada la tarde, era una junta de senadores liberales y conservadores que hacían parte de la coalición política que respaldaba unos proyectos de ley, que había presentado esa semana el presidente López a consideración del Congreso de la República.










