Premiada por su profunda recordación en la mente colectiva, a pesar del paso del tiempo, se cumplieron, sin que nadie lo recordara, que yo sepa, en la precedente anualidad, los primeros treinta años del lanzamiento de la que considero la mejor producción discográfica de Iván Villazón en su larga y meteórica carrera musical, la cual inició con ‘El Arcoíris’ hasta brillar como estrella con luz propia en el firmamento vallenato.
Nos estamos refiriendo a ‘La compañía’, el álbum discográfico que puso a disposición del público en el año 1991, y “dio sopa y seco” a nivel nacional, durante todo el 1992.
Fue un LP completo, equilibrado, agradable para escuchar, afortunado, que tuvo el respaldo de una nómina de músicos de lujo, un cartel de compositores de indiscutible reputación, la melodiosa nota del acordeón de Beto Villa, quien desplegó, en los interludios de cada canción, toda su experiencia los trazos de la nota picada de la escuela de su maestro Emilianito Zuleta Díaz, la fresa del postre fue inmejorable, la voz de Iván dio cuenta que había alcanzado la madurez total en sus melismas para subir y bajar el tono cuando así lo exigieran las circunstancias, sin maltratar su gracia, la pronunciación ni el brillo de su voz.










