Andrés Eliécer ‘El Turco’ Gil es de esos personajes que uno nombra en Valledupar y no hace falta explicar nada: “aquí todos saben quién soy”, dice entre risas, pero detrás del apodo hay una vida entera poniendo el acordeón al servicio de los pelaos, de las reinas y de la cultura.
“Mi nombre es Andrés Gil Torres. Me dicen El Turco Gil”, se presenta con la naturalidad del que lleva décadas escuchando su nombre artístico en parrandas, academias y tarimas. Nació en Villanueva, La Guajira, en 1948, “gordito, colorado”, y cuenta que el apodo se lo regaló su propio abuelo: “cuando me vio, exclamó: ‘Caramba, este parece un turco’. Al otro día la gente llegaba preguntando: ‘¿Cómo amaneció el turco?’. Y así se quedó”.
A esa escena él la llama “magia macondiana”: en esta tierra, dice, “la gente de algo se pega” y esa frase basta para que un apodo te acompañe toda la vida, como si lo hubiera firmado García Márquez en una página de Cien años de soledad. Aunque lo conozcan como turco, lo suyo no tiene que ver con pasaporte ni con sangre extranjera, sino con ese realismo mágico del Caribe donde un comentario lanzado en un patio se vuelve destino.










