Cuando el acordeón deja sonar su lamento, hay canciones que no piden permiso para volver. No necesitan estreno ni anuncio, regresan porque nunca se fueron. “Sombra perdida” es una de ellas, y en la voz de Carlos Vives vuelve a respirar como si el tiempo no hubiera pasado.
No es casualidad que ocurra ahora. Mientras el Festival de la Leyenda Vallenata honra la memoria de Rafael Orozco, Israel Romero y el Binomio de Oro, Vives abre su más reciente trabajo, El último disco, como quien abre un álbum familiar: con respeto, con emoción, con la certeza de que cada canción guarda una historia que aún tiene algo que decir.
Pero esta historia (como casi todas las que importan en el vallenato) empieza antes. Empieza con una mujer.










