La muerte de Náfer Santiago Durán Díaz marca el adiós a la figura clave detrás de los primeros pasos de Diomedes Díaz. Mucho antes de que el país aclamara al ‘Cacique de La Junta’, fue la maestría y el respaldo musical de ‘Naferito’ lo que impulsó, pulió y presentó ante la industria discográfica el talento en bruto del joven intérprete guajiro.
El año 1976 marcó el punto de quiebre definitivo para ambos artistas. Tras coronarse como Rey Vallenato en la categoría de Acordeón Profesional en el Festival de la Leyenda Vallenata frente a contendores como Beto y Juan Manuel Muegues, el juglar nacido en El Paso, Cesar, utilizó todo su prestigio y peso tradicional para convertirse en el primer acordeonero y mentor de Diomedes Díaz.
Bajo el sello Codiscos, la dupla grabó el histórico álbum Herencia Vallenata, la producción de casi treinta minutos que significó el debut discográfico oficial de Diomedes. En aquel trabajo, Náfer Durán no solo blindó el repertorio incluyendo tres canciones de su autoría y prestando las notas maduras de su acordeón, sino que le dio la oportunidad a su pupilo de grabar su primera composición propia: El Chanchullito.









