Los sonidos para ella son un sueño inasequible. Nació sin el sentido del oído, pero Dios se lo inculcó de una manera especial y fue a través del gusto por el acordeón.
María Elisabeth González Moya, una mujer con alma vallenata, nació en Chía, Cundinamarca, y desde su nacimiento no desarrolló el oído, así que creció hablando por señas y simplemente imaginando los sonidos. Así fue como en una ocasión, mirando la bionovela en homenaje a Diomedes Díaz le confesó a su esposo, Helmer Tenjo, con quien lleva siete años de casada, un deseo del alma.
“A ella siempre le había gustado el acordeón y cuando se supo que las mujeres tocaban acordeón me confesó que quería aprender”, confesó Helmer sobre el deseo de María, quien hoy tiene 29 años.










