POR ABEL MEDINA SIERRA/ESPECIAL PARA EL PILÓN
Uno de los más recurrentes estigmas con los que se suele atacar a los intérpretes vallenatos, tiene que ver con oscuros mecenazgos con los que se ha instaurado una narrativa que más parece una leyenda negra que muchos malquerientes de este género se han encargado de difundir. La música vallenata no suele ser objeto de valoraciones neutras, se defiende con pasión o se ataca con virulencia y, quienes los hacen, sus principales armas tienen que ver con su primordial diatonismo y los saludos hacia personajes del bajo mundo.
Inicialmente, si somos justos, son pocos los géneros musicales que en Colombia y el mundo se escapan a los mecenazgos. Si alguna de las artes ha requerido del apalancamiento de algún generoso productor, financiador, patrocinador, favorecedor o como se le llame, ha sido la música.










