A finales del año 1982 hubo un escándalo nacional de proporciones mayúsculas que casi dan al traste con las buenas relaciones diplomáticas entre Venezuela y Colombia.
Alfredo Gutiérrez en una plaza en caracas había sido brutalmente golpeado, ultrajado y encarcelado cuando pretendió con su acordeón interpretar las notas del himno nacional de la vecina República. Los expresidentes Luis Herrera Campins, de Venezuela; y Belisario Betancourt Cuartas, de Colombia, a través de sus cancilleres citaron con mensajes de urgencia a sus embajadores el uno a Caracas y el otro a Bogotá para que rindieran sendos informes diplomáticos, debido a que las relaciones bilaterales entre ambas naciones se habían fracturado por el actuar de los uniformados venezolanos, quienes siempre negaron los hechos; y sostenían de que ellos ni con el pétalo de una rosa habían tocado la integridad del artista colombiano.









