Llueve, es viernes. La lluvia es intensa y ruidosa tras caer y descolgarse por los alares de los techos. Constantemente relampaguea y caen rayos. Las primeras gotas, vehementes y constantes, nos llevó, presurosos, a resguardáramos en la parte techada del frontispicio de un centro comercial ubicado en la esquina de la carrera 43 con calle 54 de Barranquilla.
Entre los que lo hicimos está Oswaldo, quien previendo que la lluvia duraría, hizo de una bolsa plástica gris un cojín para sentarse en el piso. En ella lleva unas pocas prendas de vestir, una cobija, y algunos elementos de aseo. Él luce un jean roto a la altura de la rodilla izquierda, una camiseta roja y una gorra del mismo color, además calza unas sandalias Cross.
Él va hacia la carrera 43 con calle 84, después de haber partido del sector del parque Almendra Tropical. Camina hacia allá porque es donde canta: lo hace, acompañado de una guacharaca, en los restaurantes ubicados en esta zona, a cambio de una retribución económica que le dan algunos comensales.









