—Ese disco ta’ malo —dijo con propiedad el taxista y recordé la razón por la que Silvestre había titulado de esa forma su álbum anterior. Se volvió costumbre que cuando el guajiro lanza un disco algunas personas en Valledupar lo califiquen como: “ta’malo”. Paradójicamente, termina consolidándose en la ciudad.
Esta vez, desde el inicio, la crítica vallenata aplaudió “El último baile”, su más reciente producción con Juancho de la Espriella, por su cercanía con el folclor y su lejanía de los sonidos contemporáneos urbanos o cualquier otro atisbo de la fusión que actualmente se hace en el vallenato, llamada despectivamente como “salchipapa”.
Esa noche me dirigía al Parque de la Leyenda Vallenata, invitado por Old Parr, en la segunda fecha de tres que se realizaban por el lanzamiento en vivo de este nuevo disco. El preámbulo fueron las críticas del taxista, quien esgrimió sus razones por las que la producción le había parecido “floja”.










