“’Cien años de soledad’ es un vallenato de 350 páginas”, así lo definió Gabriel García Márquez, cuando le indagaron sobre la base estructural de su gran obra literaria. Enseguida añadió: “En ‘Cien años de soledad’ soy un escritor realista, porque en América Latina todo es real. Asumir nuestra realidad puede dar algo nuevo a la literatura”.
La declaración de Gabo al ponerle letras a su libro, en vez de notas de acordeón, sirvió para que el mundo se sentara a leerlo, y descubriera muchos detalles inéditos de un folclor que en el Caribe colombiano, le dieron vida hombres descalzos y que iban de pueblo en pueblo cantando un acontecimiento.
El comienzo de todo se dio cuando Gabo le dijo a su esposa Mercedes Barcha: “Encontré el tono. Voy a narrar la historia con la misma cara de palo con que mi abuela me contaba hechos fantásticos, partiendo de aquella tarde en que el niño es llevado por su padre a conocer el hielo”.











