La historia del acordeón no comienza en el Caribe, sino siglos atrás en Asia. Así lo expuso Julio Oñate Martínez al inicio de su conferencia “La música vallenata y la llegada del acordeón”, donde explicó que el principio sonoro del instrumento ya era conocido por los chinos y posteriormente desarrollado en Europa por franceses, alemanes e italianos.
“Se le concede la paternidad al austriaco, que, entre otras cosas, recientemente he encontrado alguna información de que era armenio, pero residenciado en Austria. Cyrill Demian era un juguetico, era un animalito así chiquito que eso pues realmente por aquí nunca se asomó”, señaló.
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El investigador también destacó la evolución del instrumento, especialmente a partir de 1848, cuando el italiano Beraldi incorporó los bajos al acordeón. “Ahí comienza una verdadera revolución del instrumento”, afirmó, explicando cómo desde entonces inició su expansión desde Europa hacia América y otras regiones del mundo.
Primeras huellas en América y el Caribe
Según Oñate Martínez, una de las primeras referencias documentadas del acordeón en territorio americano data de 1861, cuando el francés Julius Domenico Crocsbox describió su presencia en un evento en Puerto Wilches.
A esto se suma otra cita que ubica el instrumento en Santa Marta, aunque con una interpretación particular: “Si fueron despedidos con acordeón, el acordeón venía en el barco”, explicó.
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El investigador insistió en la necesidad de rigor histórico frente a estas versiones. “No se puede afirmar nada con ‘me dijeron’. Tiene que existir un documento”, enfatizó, dejando claro que la investigación sigue abierta y sujeta a nuevos hallazgos.
Importaciones, contrabando y expansión
La revisión de archivos aduaneros, como los estudiados por el investigador Joaquín Viria, revela que los acordeones ingresaron por distintos puntos como Santa Marta, Riohacha, Sabanilla, Cartagena e incluso Cúcuta. Sin embargo, estos registros no detallan fechas exactas ni cantidades precisas por unidades.
El evento se desarrolló en la Academia de Historia del Valle de Upar. Foto: Said Armenta.
En ese contexto, Oñate Martínez explicó que las primeras importaciones se registran en 1869, año en el que, por ejemplo, entraron 33 acordeones por Riohacha. No obstante, también planteó que el instrumento ya circulaba antes por vías informales. “Nadie importa algo sin conocerlo; debía existir una demanda previa”, contó.
A finales del siglo XIX, el acordeón ya tenía presencia en distintas zonas del Caribe, respaldado por testimonios como los del francés Henri Candelier y el conde Joseph de Brettes, quienes documentaron su uso en Riohacha, Río Frío y Becerril.
El investigador concluyó que, más allá del lugar exacto por donde entró, lo realmente importante es el papel que el acordeón ha desempeñado en la construcción cultural del Caribe colombiano. Su historia, dijo, sigue abierta y dependerá de futuras investigaciones que permitan precisar lo que hoy permanece como hipótesis.







