Durante el foro Economía y folclor en homenaje a Jorge Oñate organizado por la casa editorial EL PILÓN en el hotel Sicarare de Valledupar el pasado lunes 25 de febrero, Rosendo Romero propuso un debate al plantear los cambios en la discursividad de la música vallenata al pasar de unos cantos rurales a composiciones urbanas debido al desarrollo de los centros poblados y la formación académica adquirida por los nuevos autores.
La hipótesis tiene su explicación en los cambios en las relaciones que van influyendo en la figura del juglar ante los fenómenos sociales, poblacionales y migratorios que transforman la conurbación de las ciudades y el campo del Magdalena Grande.
Los hijos de los campesinos en busca de ascenso tuvieron la posibilidad de ir a estudiar a los colegios de bachillerato, en consecuencia: “El lenguaje empieza a modificarse casi que por un efecto natural, la misma forma de vida que los campesinos vamos asumiendo. Mi papá (Escolástico Romero) fue netamente agricultor campesino, acordeonista del campo, pero él me puso a estudiar a mí, -me entiendes-, y yo pude estudiar en un colegio de bachillerato, él ni siquiera hizo la primaria, luego el discurso mío es mucho más dado a la parte académica que a la parte rural, sin embargo, yo no me aparto del paisaje natural[…]”, explica el Poeta de Villanueva, La Guajira.










