Una mañana de hace nueve años el compositor Adolfo Rafael Pacheco Anillo estuvo visitando a Barrancabermeja, Santander, donde se sentó a tomarse un tinto a orillas del caudaloso río Magdalena, comprobándose que era un narrador auténtico porque ponía sus palabras al lado del corazón. La charla con el periodista fue extensa incluyendo canciones inolvidables, caso de ‘El mochuelo’.
Él compositor de San Jacinto, Bolívar, de la alegría pasó a la melancolía porque la mujer en la que descargó sus sentimientos no le correspondió a pesar de sus detalles, cerrando con el dolor del alma esa puerta que nunca más se abrió.










