El encarecimiento del plátano, la yuca y el ñame ya se siente en los bolsillos de las familias de Valledupar, donde vendedores y consumidores en el mercado coinciden en que, tras las inundaciones en Córdoba, el patacón de plátano empieza a ser un lujo y muchos están volviendo la mirada al guineo, la papa y la auyama como alternativas.
Cuando la yuca y el plátano suben, se encarece la minuta diaria de comedores comunitarios, tenderos de barrio y vendedores de comida callejera, que se ven obligados a ajustar porciones, cambiar recetas o trasladar el alza al consumidor final. En la práctica, esto significa que una familia que antes compraba varios kilos de tubérculos para la semana ahora debe escoger entre reducir la cantidad, reemplazarlos por otros productos o asumir un gasto mayor en un contexto de ingresos estancados.
“Con el puro plátano uno se muere de hambre”
“En diciembre el plátano ya estaba caro, pero por lo menos se conseguía”, cuenta Antonio Moreno, vendedor de tubérculos en carretilla, mientras señala unas manos de fruta más pequeñas de lo habitual. “Ya los plátanos habían bajado a $500, a $600 pesos, ahorita están a $1.000 la unidad; para uno comprarlos allá hasta en $900, pero para venderlos en la calle toca a $1.000”.
Según Antonio, la situación se agravó después de las lluvias y las inundaciones en Urabá y Montería, que frenaron la llegada del plátano que tradicionalmente abastecía a la Costa Caribe. “Está llegando muy poquito plátano. Ahorita plátano de Urabá no está llegando, que era el que nos surtía a nosotros aquí; está llegando de Armenia, de Arauca y plátano ecuatoriano”, explica.
“Los platanitos, mira eso, son prácticamente puntillas y las venden como segunda; lo que antes era segunda ahora lo ponen por primera". Foto: EL PILÓN.
El problema no es solo el precio, sino la calidad: “Los platanitos, mira eso, son prácticamente puntillas y las venden como segunda; lo que antes era segunda ahora lo ponen por primera y se lo quieren clavar a uno a $1.400, $1.500; ¿cómo vende uno un plátano de eso? No puede”.
Menos plátano, más ñame, yuca y guineo
El golpe no se limita al plátano. Antonio recuerda que el ñame que viene de la zona de Montería, “el espino, que es el bueno para hacer mote”, también se disparó. “El ñame se estaba vendiendo como a 2.500 la libra; ahorita está en 3.500, en 4.000”, asegura, en línea con los informes nacionales que advierten que frutas y tubérculos son de los productos que más se encarecerán por el exceso de lluvias. Lo mismo ocurre con la yuca de tierra alta, también proveniente de Córdoba: “Ahorita un saco de eso cuesta como 100.000 pesos, pero no lo hay, no llega”.
Respecto al repunte de la yuca, Indalecio Dangond, consultor en crédito de fomento agropecuario, explicó a La República que se debe a que “en estos días se está comprando lo último que queda de la cosecha de la costa, la cual comenzó a venderse entre diciembre y enero. A medida que escasea lo que queda de la cosecha del año pasado, el precio sube porque hay más demanda que oferta”. A su vez, detalló que el kilo de la yuca seguirá caro, más o menos, hasta mayo, mes en el que saldrá la cosecha del Quindío y de los Llanos Orientales.
Ante ese panorama, muchos consumidores han empezado a reemplazar el patacón de plátano por patacón de guineo verde, que sigue siendo más barato, aunque también subió. “En la pandemia un saco de guineo de 40 kilos costaba $8.000; ahorita vale 35 o 40”, relata otro comerciante, Alfredo, que vende “40 en $5.000” como estrategia para que el cliente sienta que todavía puede llevar algo de acompañante para el almuerzo.
“Con solo plátano no me daba el diario”
Para Beatriz Castillo, vendedora que madruga a surtirse en Mercabasto, el plátano ya no alcanza para sostener el negocio. “En enero estaba el plátano a 350 pesos, lo vendíamos a 500. Ahora está a 900, entonces hay que venderlo a 1.000 pesitos”, explica. Además del precio, ella nota un cambio evidente en la calidad: “En enero venía el plátano mejor, más grande, más bonito. Ahora viene muy pequeñito”.
La caída en la oferta también se ve en los camiones que entran al mercado: “Antes llegaban seis, siete, hasta ocho camiones de plátano. En estos momentos está llegando uno, dos camiones nada más, por eso es que el plátano está con ese precio alto”, dice Beatriz, en línea con el diagnóstico de las centrales de abasto del Caribe, donde reportan incrementos de hasta 13% en productos que vienen de Córdoba.
“Con solo plátano no alcanza”: vendedores del Mercado Público de Valledupar diversifican con guineo, papa y yuca para enfrentar el alza de precios tras las inundaciones en Córdoba. Foto: EL PILÓN.
La respuesta de ella ha sido diversificar el surtido: “Me tocó meter yuca y papa, porque nada más el plátano no me estaba dando la base del diario; yo me gano diario 40, 50.000 pesos y no me estaba dando”. En enero, cuenta, la yuca se conseguía entre 45 y 50 mil pesos la bolsa; “en estos momentos está a 70, 75”.
Papa y auyama, la tabla de salvación
En otra esquina del mercado, Carmen González reconoce que se ha volcado más a la papa criolla que al plátano. “El plátano también está demasiado caro”, afirma. “El bulto de papa criolla hoy está en 200.000, para uno vender a 6.000 el kilo. Tratamos de conseguir más cómodo para venderle al pueblo, pero sinceramente ha variado el precio desde enero”.
Guineo, papa y auyama como alternativas económicas. Foto: EL PILÓN.
Carmen confirma que muchos clientes han optado por reemplazar el patacón o el frito de plátano con papa o auyama, que se han mantenido relativamente más estables. “Como reemplazo sí, la papita, porque está más económica, la gente lleva más; pero el plátano sinceramente está muy, muy, muy caro, demasiado”, insiste.
Jhon Jairo Torres, administrador de “La canasta del campo”, un negocio conocido del mercado por los mototaxistas “porque hace rendir la platica” también ve ese cambio: “La yuca siempre es estable a 70.000 pesos la bolsa, 2.500 vendemos el kilo, la compramos de aquí cerquita, El Banco. El plátano sí viene últimamente incrementando duramente; hoy lo compran a un precio y ya mañana sube 200 o 300 pesos la unidad”. Según él, el ñame también ha subido entre 20 y 30 mil pesos por bulto y muchos compradores de bajos ingresos “tienen que cambiar a auyama o papa, que se mantiene más o menos en 1.000 pesos la libra, porque el plátano ya es una carestía”.
Ganar menos, trabajar más
En medio de la carestía, los vendedores coinciden en que su margen de ganancia se ha reducido al mínimo. John Madero, que se levanta entre las 12 y la 1 de la mañana para ir al mercado, lo resume así: “Hace un mes el plátano estaba a 500 pesos, y hoy tiene un valor de 800, 900 por mayor; yo lo vendo a 1.000. Ya no se gana nada, 100 pesos, y de ahí hay que pagar transporte, bolsa, tiempo; no hay ganancia”.
Con el plátano maduro escaso, la estrategia es comprar verde y “poner a amarillar”, lo que también implica más costos de mano de obra y de insumos como el carburo. “El amarillo se está manejando a 1.200 o 1.400, porque se está comprando a 1.000 el verde y hay que pagarle a un muchacho que lo ponga amarillar; bastante, todo costoso”, explica Beatriz.
Pese a las dificultades, muchos insisten en mantenerse optimistas. “A veces no alcanza para los 40 del diario, pero hay que conformarse con la bendición que Dios le dé a uno”, reflexiona Beatriz. “Cuando ganamos bastante nos alegramos, entonces cuando Dios nos da la bendición poquita también hay que alegrarnos y tener fe de que algún día va a bajar los precios”.
Mientras tanto, en Valledupar, la mesa del almuerzo se reacomoda: menos patacón de plátano y más guineo, papa o auyama, mientras el clima y las inundaciones en Córdoba siguen marcando el precio de lo que se sirve en cada plato.







