La nueva sede de la Defensoría del Pueblo en Valledupar, aún sin entrar plenamente en funcionamiento, ya enfrenta un problema externo que no es menor: el deterioro y abandono del entorno inmediato que la rodea, en un sector donde persisten antecedentes recientes de ocupaciones irregulares.
El área corresponde al viejo lote del nuevo Idema, distinto al predio donde se construyó la Plaza de Vendedores, próxima a ser inaugurada. Este terreno fue objeto de desalojo por parte de la Alcaldía el año pasado y desde entonces se ha advertido sobre el riesgo de una nueva invasión ante la falta de control urbano permanente.
Lotes cubiertos de maleza, acumulación de residuos y ausencia de intervención institucional contrastan con la inversión realizada en la edificación de la Defensoría, una situación que, según pudo constatar EL PILÓN, podría derivar nuevamente en ocupaciones irregulares si no se adoptan medidas oportunas.










