Desde la jornada de apertura el pasado jueves hasta el cierre de este domingo, las postales del Centro Histórico de Valledupar fueron las mismas: auditorios al tope de su capacidad, pasillos colmados de ciudadanos de todas las edades y personas de pie al fondo de los salones, dispuestas a no perderse un solo minuto de las ponencias. Escenarios emblemáticos como la Casa de la Cultura operaron bajo un lleno sostenido que tradicionalmente solo se le adjudicaba a los grandes conciertos de la música vallenata.
Este fenómeno de masas tuvo su punto más alto en la respuesta de las nuevas generaciones. Las demoledoras imágenes de largas filas que le daban la vuelta a las estructuras coloniales para ingresar a los conversatorios de literatura juvenil —especialmente para escuchar a autoras superventas como la vallenata Karine Bernal Lobo y Eva Muñoz— demostraron que el público joven no solo lee, sino que está dispuesto a apropiarse de los espacios culturales con una pasión desbordante. El furor por conseguir la firma de un libro o escuchar un debate se convirtió en la constante de una feria que supo conectar con los intereses de un público diverso.









