En Valledupar, la Semana Santa es un espacio de profunda significación religiosa y cultural para los católicos que recuerdan el sacrificio de Jesús por los pecados de la humanidad. Sin embargo, este período de tiempo no está exento de ciertos mitos, leyendas y creencias que desde el siglo pasado han sido utilizadas en la ciudad a modo de advertencia para que las personas “guarden la compostura” en estos días santos.
Sobre las aguas heladas del río Guatapurí posa una hermosa figura en forma de mujer que con sus cabellos dorados realzan las majestuosas aguas de este afluente cargado de historias del ‘viejo Valledupar’, y de las enseñanzas que cientos de abuelos les quisieron inculcar a sus nietos para que en Semana Santa se alejaran de prácticas mundanas que incitaban al diablo.
María Elena Bru, una monteriana que llegó a Valledupar siendo una niña en 1952, contó al diario EL PILÓN desde su mecedora en el patio de su casa ubicada en el barrio Primero de Mayo, que a sus nueve hermanos les daba temor bañarse en el río Guatapurí porque su madre les contó con lujo de detalle la historia de la joven Rosario Arciniegas.










