Puede decirse que desde la Edad Media hasta nuestra época, la actividad humanística en la Iglesia Católica ha descollado por la “lectura del libro sin palabras”, o sea la lectura de las imágenes sagradas. El crítico de arte religioso, Baschet, ha afirmado que las imágenes piensan y que se piensa en imágenes.
“La imagen adquirió validez en la sociedad rural cuando leer y escribir estaba restringido y ésta transmitía un mensaje más comprensible. La iglesia hace uso de la efigie para formar e informar. La sobrecarga didáctica de la imagen pintada o esculpida prevalece mucho más tiempo sobre el valor propiamente estético”, dice.
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