En Valledupar sobra tierra para soñar. Lo que falta es exigir que los sueños se cumplan. Cada año, durante el Festival Vallenato, la ciudad muestra todo su potencial y también sus límites: la ciudad colapsa, vías saturadas, parques desbordados y una presión evidente sobre el espacio público, exponen una realidad incómoda: existe una gran distancia entre la ciudad que Valledupar quiere ser y la infraestructura que hoy tiene para serlo. Una ciudad con vocación turística tiene en esa brecha su mayor oportunidad de transformación.
Los datos son elocuentes. Con más de 500.000 habitantes, Valledupar debería garantizar al menos 15 metros cuadrados de espacio público efectivo por persona, según la norma nacional, pero el documento municipal de seguimiento al POT revela que el déficit supera las 490 hectáreas. Traducido a la vida cotidiana: más de 327.000 ciudadanos no tienen acceso digno a parques y zonas verdes, lo cual no es solo una cifra técnica, es una forma de desigualdad urbana.









