“Yo estaba dormido y me di cuenta de que el agua empezó a subir a las 11 de la noche. Cuando olí barro, pensé: ‘qué situación tan mala’. Daba miedo el estruendo que hacían las piedras y escombros; el choque sonaba como un trueno. Fui hasta el puente colgante y las lámparas se las llevó el agua. El río arrastró como 14 carpas. El puente se tambaleaba como si estuviera borracho”, relató Walter Castillo Serna, quien se gana la vida vigilando carpas, negocios y motos muy cerca del CAI en Hurtado.
La creciente del río Guatapurí se hizo notoria y destructiva la noche del 12 de noviembre, evidenciada a través de videos en redes sociales y por el ruido de las piedras chocando entre sí, así como por el olor a tierra mojada que percibían aquellos que cuidaban sus negocios ambulantes. Para la mañana del 13 de noviembre, se podían observar marcas del agua sobre la tierra, luminarias rotas y desaparecidas, cables expuestos y un nivel de agua poco visto en décadas.










